¡Ave César!
Aleksa lo echó de un portazo, ya que donde manda neurona, no manda la hormona… pero guardó consigo una prenda valiosa: un calzoncillo de la pasión. “¿Qué te haces guardando esa asquerosidad?”, y con una pícara mirada me contestó “¿tú qué crees que pretendo quemar en año nuevo?” Y, mientras suspiraba, me decía, “estoy cansada, ¿Qué pecado estaré pagando para estar cruzándome con tanto galifardo…?”